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Pura Vida: ¿Patrimonio Cultural Inmaterial?

La humanidad, a lo largo de su historia, ha creado ciudades, monumentos, tradiciones y expresiones culturales que cuentan quiénes somos, de dónde venimos y qué valoramos. Para proteger ese legado, la Organización de las Naciones Unidas, a través de la UNESCO, declara ciertos lugares y manifestaciones como Patrimonio de la Humanidad. Este reconocimiento no es solo un título honorífico: implica un compromiso internacional para conservar, estudiar y transmitir estos bienes a las futuras generaciones.

Patrimonios de la Humanidad en América Latina

América Latina es una de las regiones del mundo con mayor riqueza cultural y natural. Muchos de sus sitios han sido declarados Patrimonio de la Humanidad debido a su valor excepcional:

• Machu Picchu (Perú): Ciudad inca enclavada en los Andes, es un símbolo de la ingeniería, la espiritualidad y la cosmovisión andina. Su preservación permite conocer mejor la relación de las antiguas civilizaciones con la naturaleza y la astronomía.

• Centro Histórico de México y Xochimilco (México): Refleja el encuentro entre la cultura indígena y la europea, así como formas tradicionales de organización agrícola, como las chinampas.

• Cartagena de Indias (Colombia): Su ciudad amurallada conserva la memoria de la época colonial, el comercio transatlántico y las luchas de resistencia.

• Qhapaq Ñan – Sistema Vial Andino (varios países andinos): Red extensa de caminos que articulaba el Imperio Inca y que hoy sigue uniendo comunidades, identidades y tradiciones.

• Parque Nacional Iguazú / Iguaçu (Argentina y Brasil): Ejemplo de patrimonio natural de valor universal, donde biodiversidad, agua y paisaje conforman un ecosistema que el mundo entero se ha comprometido a proteger.

Estos sitios, además de tener importancia histórica o ecológica, generan identidad, turismo responsable, oportunidades económicas y orgullo para las comunidades locales.

Patrimonios inmateriales o intangibles

Además de los monumentos y paisajes, la UNESCO reconoce también el Patrimonio Cultural Inmaterial: tradiciones vivas, saberes, técnicas, fiestas, rituales, músicas, danzas, gastronomía y formas de expresión que existen sobre todo en la memoria y en la práctica de las personas.

Entre los patrimonios inmateriales declarados en América Latina se pueden mencionar:

• El tango (Argentina y Uruguay): Más que un baile, es una forma de sentir, de narrar la nostalgia y la identidad rioplatense.

• La dieta mediterránea (incluyendo ciertos países latinoamericanos con herencia mediterránea): Reconocida por sus prácticas, saberes agrícolas y formas de convivencia alrededor de la mesa.

• La samba de roda del Recôncavo Bahiano (Brasil): Manifestación musical y dancística que une raíces africanas, indígenas y europeas.

• La peregrinación al Santuario del Señor de Qoyllurit’i (Perú): Fiesta religiosa andina que combina espiritualidad cristiana y tradiciones prehispánicas en un contexto de alta montaña.

Estos ejemplos muestran que lo que hace único a un pueblo no es solo lo que construye en piedra, sino también lo que canta, baila, cocina, celebra y comparte día a día.

Hasta donde se conoce públicamente, la UNESCO no ha declarado frases específicas como patrimonio cultural inmaterial en sí mismas de forma aislada. Generalmente lo que se reconoce son prácticas culturales más amplias: idiomas, tradiciones orales, narraciones, formas de comunicación o expresiones que incluyen palabras y fórmulas lingüísticas, pero no “una frase” por separado. Por eso no se suele hablar de frases individuales dentro de la lista oficial, sino de tradiciones orales y expresiones en un sentido más amplio.

¿Por qué “Pura Vida” debería ser Patrimonio Cultural Inmaterial?

Dentro de este contexto, la frase costarricense “Pura Vida” sobresale como algo que va mucho más allá de dos simples palabras. En Costa Rica, “Pura Vida” es:

• Un saludo cotidiano: se usa para decir “hola”, “adiós” o “¿cómo estás?”.

• Una actitud ante la vida: expresa optimismo, sencillez, gratitud y resiliencia.

• Un símbolo nacional: representa la forma en que muchas personas costarricenses entienden la felicidad, la paz y la convivencia.

• Un código cultural compartido: tanto locales como visitantes reconocen que “Pura Vida” sintetiza hospitalidad, armonía con la naturaleza y una manera relajada pero consciente de estar en el mundo.

En la práctica, “Pura Vida” funciona como una expresión viva de valores: el aprecio por la paz (Costa Rica abolió su ejército), el énfasis en la educación y el bienestar social, y una relación cercana con el entorno natural. Siempre que alguien dice “Pura Vida”, está reforzando una identidad colectiva y transmitiendo una filosofía: disfrutar de lo simple, mantener una actitud positiva aun en la adversidad y valorar el presente.

Desde esta perspectiva, “Pura Vida” no sería solo una frase, sino el núcleo lingüístico de una tradición oral y de una forma de vida, elementos que encajan claramente en la definición de patrimonio cultural inmaterial: algo vivo, transmitido de generación en generación, recreado constantemente por las comunidades y cargado de significado.

La iniciativa de la Fundación Pura Vida

Conscientes de este valor, la Fundación Pura Vida está iniciando la investigación necesaria para impulsar las gestiones ante la ONU, a través de la UNESCO, con el fin de que “Pura Vida” y todas las prácticas culturales asociadas a esta expresión sean eventualmente reconocidas como parte del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

Este proceso implica:

• Documentar el origen histórico y la evolución de la expresión.

• Investigar cómo “Pura Vida” se ha integrado en la vida cotidiana: educación, turismo, arte, literatura, medios de comunicación.

• Recoger testimonios de comunidades, portadores de la tradición y expertos que expliquen su importancia sociocultural.

• Demostrar que “Pura Vida” promueve valores universales como la paz, el respeto, la solidaridad y el bienestar colectivo.

Si esta iniciativa tiene éxito, el reconocimiento no será únicamente para una frase, sino para una forma de ser y convivir que Costa Rica ha regalado al mundo. Y, en un tiempo donde muchas sociedades enfrentan fragmentación, violencia y estrés permanente, elevar “Pura Vida” a la categoría de patrimonio de la humanidad sería también un recordatorio de que la simplicidad, la empatía y la alegría compartida son, en sí mismas, tesoros culturales que debemos preservar.

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